domingo, 19 de enero de 2014

Capítulo 3. "Allá vamos"

-¿A vivir contigo a dónde? ¿A París?

-No, a Cuenca –bromeó- Sí, aquí, a París. Y no me digas que no porque me enfado y no respiro.

-¡Sí!- dije eufórica- ya tengo 18, pero les tengo que preguntar a mis padres. Soy mayor de edad, pero necesito su “bendición”- dije entrecomillando la palabra.

- Pero díselo rápido, porque a si vienes en verano y tenemos más tiempo para divertirnos.

-Vale…- reí.

Estuvimos hablando durante 3 horas, se nos pasó el tiempo volando. Tampoco era una conversión corta, pero no la más larga que hemos tenido. Hemos llegado a estar hablando unas 5 horas, total, nos salía gratis.


(…)


Hablé con mis padres durante la cena sobre ir a París. Al principio me dijeron que era una locura, que no estaba preparada, pero finalmente, me dejaron. Les hablé sobre las universidades de allí  (me estuve informando) y sobre los distintos paisajes, los museos, la gente… en fin, todo era bueno. Les prometí que les iba a llamar todos los días y les iba a contar todo lo que me pasaba, tanto lo bueno, como lo malo. Mi hermano, Álex, se me quedó mirando con cara extraña, sabía que me iba a echar de menos, no obstante, yo a él también. Tenía 5 años y siempre le llevaba conmigo, era como una parte de mí. Siempre le cantaba nanas para dormir, desde que era pequeño.


(…)



Pasaron las semanas y el día llegó. Ya había hablado con Nuria y me iba a alojar en su casa, teníamos todo planeado: lo que íbamos a hacer, qué lugares íbamos a visitar, dónde comeríamos…

Salí de casa con una maleta gigante que tenía como dibujo la bandera de Londres. Sí, de Londres y yo iba a París, todo era muy normal. Por fin llegó el Taxi, 1 hora había tardado en venir. Metí las cosas en el maletero.

-Ten cuidado, y no hagas tonterías.-dijo mi madre dándome un abrazo.- Y abrígate.

Sí, era lo típico de las madres: “Come bien y abrígate” Los consejos que siempre te dicen, pero que te sacan una sonrisa.

-Mi princesita se hace reina -me abrazó- cuídate y estudia.

-Sí papá, no te preocupes, y cuando venga aquí te traeré la figura de la Torre Eiffel que tanto te gusta.

-Sí, eso también- sonrío.

Me dirigí hacia mi hermanito.

-Canijo, ¿no me vas a abrazar?- abrí mis brazos.

Álex vino corriendo hacia mí y me abrazó. Fue un abrazo precioso.

-No quiero que…que te vayas.- me abrazó más fuerte y llorando.

-No cariño, no me voy para siempre-le limpié las lágrimas- No conectaremos por la cam, ¿sí?- le abracé de nuevo.

Mis padres miraban aquella escena, era conmovedora.

-Mira, para que te acuerdes de mí, te voy a dar esto- le entregué un osito de peluche- Se llama Ted y cada vez que te acuerdes de mi le das un abrazo, ¿me lo prometes?

-Te lo prometo- sonrió.

Me metí en el coche y fui hasta el aeropuerto. Allí facturé la maleta y esperé una hora hasta que saliera el avión. Iba en un avión muy raro, no sabía el nombre y, de hecho, lo sigo sin saber. Entré en él y me senté en mi sitio. El avión se puso en marcha. Sonreí y dije para mí misma:


-“Allá vamos”

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